Cuando las bodegas miran las cifras de consumo de vino en China, todas se frotan las manos y cruzan los dedos deseando ingresar alguna vez a tan promisorio mercado. Con más de 1.500 millones de habitantes, basta tan sólo con que una ínfima proporción de chinos se decidan a beber vino para que cualquier bodega del mundo no pueda abastecer la demanda. Pero el problema es que el nacionalismo chino está impulsando al mismo tiempo la producción local. Si los chinos beben en promedio tan sólo medio litro de vino por año, muy por debajo de los 43 litros anuales de los franceses o de los 30 litros de la Argentina, se estima que la demanda china podría duplicarse en 2013. E incluso el país ya se ubica entre los 10 mayores consumidores mundiales en volumen, según informa Le Point . Pero como explica Robert Beynat, director general de Vinexpo, "al igual que nosotros los franceses, los chinos son chauvinistas y cuando no se conoce un producto, se prefiere comenzar bebiendo un vino local, de su propio país. Cuanto más viñedos planten los chinos, más vino producirán, más beberán y más importarán. Ellos nunca serán autosuficientes y si lo fueran, el consumidor de vino es un ´bebedor de etiqueta´ al que le gusta la diversidad". China, cuya demanda anual superaría las 1.000 millones de botellas en 2011, cuenta con un mercado de consumidores con características propias. En primer lugar, los chinos prefieren los vinos importados cuyos nombres sean fáciles de pronunciar en su idioma. Y en segundo lugar, privilegian el vino tinto, porque les gusta el color, asociado a la suerte y a la riqueza.